Imagina esta situación: las luces parpadeantes de una patrulla te indican que debes detenerte. Un oficial de policía se acerca y te hace la temida pregunta: “¿Sabes por qué te detuve?”
En este momento, la tentación de dar explicaciones apresuradas puede ser muy intensa.
Pero, ten cuidado, tus nervios te pueden traicionar y podrías hacer una confesión que luego será muy difícil de defender.
Presta mucha atención a lo que te vamos a decir en este blog y evita estas excusas.
